Sobre "Tonio Kroger", de Thomas Mann

Alegato en defensa de Tonio Kroger – Vista celebrada el 4/2/2019.

Con la venia, señoría, señoras y señores del jurado...; mi defendido hace frente a graves acusaciones,cierto es, pero veamos pormenorizadas las flechas que le dirige el fiscal al acusado: Le acusa, en primer lugar, de envidia de raza pues, según él, Tonio no solo admira a los rubios y con ojos verdes o azules, sino que va más allá llegando a la adoración y despreciando cualquier defecto que perciba en ellos, como por ejemplo, ni siquiera tomará en cuenta a una persona rubia pero torpe, solo envidia la perfección de sus rubios cabellos, el mar azul o verde de esos ojos en lo que le es muy fácil perderse. También dice el fiscal que es delito el desprecio hacia su propio cuerpo y mente pues no solo aborrece la visión que le devuelve el espejo sino que abomina de su intelecto superior que le hace tan infeliz. ¿Y qué decir de ser observador de la vida sin participar en ella? También ello constituye delito, dice mi colega. Y yo digo señoría, señoras y señores del jurado, que Tonio es inocente porque es humano y vive de acuerdo a la naturaleza que le engendró y educó. Efectivamente, ¿cómo podría de ser de otra forma si la arcilla de ese bebé fue moldeada en los límites estrictos y rígidos del protestantismo en esa ciudad amurallada, cubierta tan a menudo de la niebla más densa que el Báltico podía vomitar? Y aún así, retazos de límpidos rayos de sol atravesaban esa niebla gracias al influjo de su madre. ¿Podemos imaginar, señores,  a ese niño intentando estudiar pero encandilado por el pelo rubio, brillante, liso de su tutora mientras ella, en bucle perfecto, teje su pelo en moño sujeto con un simple pasador dejando libre el cuello largo, blanco, cisne altivo que desaparece en un remolino rubio al quitar el pasador, para inmediatamente, volver a crear el moño rubio? ¿Cómo, en nombre de lo más sagrado, podía evitar ese niño las contradicciones que luego le aflorarían en su adolescencia, en su madurez? Mi defendido solo puede alegar que su humanidad e inteligencia le hace infeliz, que la envidia le corroe las entrañas manteniéndole en un continuado estado de melancolía, tristeza sosegada que le lleva a verter amargas lágrimas mientras sueña con amores no confesados y contempla ese mar verde oliva al atardecer. Tonio es humano, en definitiva. Dejemos, señoras y señores, que viva encadenado, como Prometeo, a sus contradicciones, inteligencia y defectos que son, al fin, reflejo exacto de su humanidad.

Relato de José Luis.

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