Jacques, el fatalista. - Diderot

Antes de sumergirme en el próximo libro de la Dama Sei, he seleccionado algunas de las frases que más me han gustado del libro; no puedo señalar la página porque no todos hemos leído el mismo formato de libro, pero están por orden de aparición:

El amo.- Dí las cosas tal cual son.

Jacques.- Eso no es nada fácil. ¿No tenemos cada cual nuestro carácter, interés, gusto y pasiones, según las cuales exageramos o atenuamos las cosas? ¡Dí las cosas tal cual son…!

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El amo.- Así que, habla en cuanto tú, te escucharé en cuanto yo, y te creeré como pueda.

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Jacques.- En este mundo casi nada se escucha tal y como se dijo; pero hay algo peor, casi nada se juzga tal y como sucedió.

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Jacques.- Es posible que ni dos veces, a lo largo de la vida, juzguemos algo de igual manera.

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A propósito de la historia que la posadera relata sobre la relación entre el marqués des Arcis y Mme. De la Pommeraye:

La primera promesa que se hicieron dos seres de carne y hueso tuvo lugar al pie de una roca que se estaba convirtiendo en polvo; pusieron por testigo de su constancia un cielo que cambia a cada instante; a su alrededor y en ellos mismos, todo cambiaba, pero ellos creían que su corazón estaba libre de vicisitudes. ¡Oh, niños, eternos niños…!

No sé a quién pertenece esta reflexión, si a Jacques, a su amo, o a mí mismo (el autor-narrador escribe).

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El autor-narrador.- Si mi libro es bueno, su lectura sólo producirá placer; si es malo, no hará mucho daño. No hay libro más inocente que el libro malo.

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El autor-narrador.- Un historiador que pone en boca de sus personajes discursos que jamás pronunciaron, bien puede atribuirles actos que nunca realizaron.

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Jacques.- una palabra, un gesto me han informado más, en ocasiones, que todas las habladurías de una ciudad.



Quedan tantas y tantas reflexiones serias y sabias, pero tratadas con ironía, que sería menester reproducir por entero el libro de Diderot. Pero como dice el autor sobre aquél hombre que decía a propósito de su mujer: “¿qué diablos haría en la puerta?”, haciendo el símil con una obra de Molière:

Me di cuenta entonces de que no basta con ser sincero, es necesario, además, ser divertido”

Y termino aquí este escrito hoy, a esta hora, porque estaba escrito allí arriba que así fuese.

 

Esther.

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